La grave crisis de comunicación interna de las empresas españolas

Los tiempos cambian e, indefectiblemente, las empresas lo hacen con ellos; y no tanto por gusto o placer en términos generales, sino por distintas y apremiantes necesidades, que pueden ir desde la numantina defensa de una excepcional situación de liderazgo hasta la protección de cuotas de mercado aceptables, sin olvidar por ello urgencias propias de la pura y dura supervivencia empresarial.

Las nuevas formas de hacer las cosas no tienen una motivación tecnológica. ¡Gran error! Un error mayúsculo de concepción que está viciando y echando por tierra los bien intencionados esfuerzos de muchas organizaciones por ponerse a la vanguardia de sus mercados. La tecnología es sólo una herramienta (sí, definitiva, en eso estamos todos de acuerdo), que está al servicio de las empresas para conjugar sus intereses con las necesidades y satisfacciones de sus clientes.

Y hasta aquí puede que la gran mayoría comulguemos casi por completo. Pero ¿y qué hay de nuestros empleados? Sí, de esas decenas, cientos o miles de trabajadores que operan el back office de nuestras organizaciones, de aquellos que definen la producción y comercialización de nuestros productos o servicios, de aquellos que trasladan conceptos y líneas de actuación a nuestra fuerzas comerciales, de aquellos que salen a la calle o atienden en establecimientos fijos y, por último, de aquellos que se desempeñan en nuestros servicios postventa… ¿Qué hay de ellos?

Pues que los hemos olvidado. Así de simple, porque en este atropellado intento por transformarnos y adaptarnos nos hemos preocupado tanto por ‘dar el nivel tecnológico’ que, por omisión (no conozco ninguna organización que lo haya hecho a conciencia), hemos olvidado que una empresa es la suma de los esfuerzos y entrega de todos y cada uno de sus trabajadores, y que sin su comprensión de las nuevas políticas, procedimientos y/o filosofías, resultará un esfuerzo más que ímprobo lograr que los usuarios finales perciban cambio alguno.

Por algunas razones de las expuestas, me permito consignar que son muchas las organizaciones que no han reparado en hoy más que nunca sus trabajadores son su principal activo: el motor humano que realmente permite que los cambios se produzcan de forma efectiva, quienes prescriben en conciencia y de forma pública, y cuyas voces o caras observan con atención esos clientes finales que cada vez demandan más y más a las empresas con las que desean identificarse y hasta prescribir en los tiempos que vivimos.